Hay nombres que definen una esencia, y el merendero Las Hormiguitas es el ejemplo perfecto. Su historia no comenzó entre cuatro paredes, sino bajo la sombra de un árbol en 2013. En aquel entonces, el barrio era de tierra y el barro se volvía un obstáculo constante cada vez que llovía. Sin embargo, allí estaban ellos, con una ollita de mate cocido y pan francés, decididos a que a ningún chico le faltara una merienda.

Lo más emocionante de cumplir 12 años de labor ininterrumpida, es ver el ciclo de la vida pasar por la puerta. Hoy, aquellos niños que corrían por el barro en 2013 ya son adolescentes, adultos y, en muchos casos, padres que traen a sus propios hijos al merendero.

"Hemos disfrutado cada etapa de cada uno de ellos", nos cuentan con la sabiduría que solo dan los años de entrega. Para estos chicos, el merendero es más que un lugar donde comer; es el escenario de sus vidas.

Hace seis años, en Hechizo Calzados tuvimos el honor de cruzarnos en su camino. Desde aquel primer acercamiento en 2019, supimos que queríamos ser parte de ese esfuerzo "hormiga". Esta alianza, que ya es una tradición, se ha transformado en un apoyo social que nos llena de orgullo y que el merendero recibe con una gratitud que nos conmueve.

La magia del 27 de diciembre: Calzado y juegos

Este segundo año de la campaña Huellitas reafirmó una hermosa costumbre: la esperanza. El pasado 27 de diciembre, los peques esperaban con esa "emoción combinada" que solo la infancia conoce.

En esta entrega, la diversidad de los paquetes traía sorpresas distintas. Aquellos que descubrieron un par de zapatillas nuevas reflejaron en sus rostros una felicidad especial, sabiendo que es algo que necesitan profundamente para su día a día. Pero ya fuera un calzado para caminar o un juguete para soñar, el sentimiento común fue uno solo: agradecimiento puro.

El sueño mayor: Hacia una ONG

A pesar de que mucho de lo que se brinda hoy sale de los propios bolsillos de las referentes y de donaciones particulares, "Las Hormiguitas" no dejan de soñar en grande. Su meta es clara: transformarse en una ONG para poder acceder al banco de alimentos, retomar las comidas diarias y ampliar la frecuencia de las meriendas.


Un mensaje para nuestra comunidad

Detrás de cada par de zapas o juguete entregado, hay una red de personas que lo hace posible. Como nos dicen desde el merendero: "Esperamos siempre el apoyo de la gente que siempre está ahí ayudando para seguir con cada proyecto".

Gracias, Las Hormiguitas, por enseñarnos desde 2013 que no importa qué tan difícil esté el terreno o cuánto barro haya en el camino; si se trabaja juntos y con constancia, se pueden dejar huellas imborrables. Gracias por abrirnos sus puertas una vez más y por permitirnos ser parte de esta familia que no para de crecer.